
Las palabras son la diferencia. No los trinos ni los ladridos, ni los graznidos ni los rebuznos. El canto del gallo es eterno, circular e incesante, cual segundero. Gira y gira desde el comienzo de las especies y los tiempos al compás de la luz del sol que va dándole la vuelta cada 24 horas a nuestra tierra. Un canto de gallos anunciando amaneceres, milenario; que se desplaza tras la línea de la noche y el día persiguiendo en las noches la luz y abriendo amaneceres; desde el comienzo de todos tiempos, desde que aparecimos quienes habitamos el planeta. De la selva a la ciudad. De lo irracional a lo pensante. Esa es la diferencia entre los humanos y los demás seres que habitan esta tierra. Hay que entender la diferencia que separa al hombre y la mujer del resto de las criaturas para entender la historia. La primera de todas las leyes es la supervivencia, fundamentada por esa necesidad ególatra de cada animalito por no dejarse matar por su especie inmediatamente superior en voracidad y fuerza. Hablo de aquella ley que aún nos mancha la conducta, de la muerte, el asesinato, el acecho como fuerzas hermosas de la selva. El tigre que persigue y depreda a las gacelas, los lobos que se comen a las liebres, el pez más grande devorando al más chico. El animal como poblador original sobrevive devorando a otro y evitando dejarse devorar. Este suceder de acechos y dentelladas, de unos devorándose a los otros se escapa de lo bueno y de lo malo. Se entiende que en la biología de la selva es la única forma de sobrevivir, se justifica por el hambre y el dominio. Si eso no se llama egoísmo, salvajismo, violencia, crueldad, que otro me diga lo que es. Un mundo que se alimenta de sí mismo. Raúl Bracho.
Page Count:
246
Publication Date:
2014-12-10
ISBN-10:
1505479908
ISBN-13:
9781505479904
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